14. La educación está sobevalorada.

No existe opinión más segura e inofensiva que decir que la educación es importante y la clave para el progreso. En este ensayo, haré la afirmación de que la educación está sobrevalorada en un discurso político. Discutiré tres maneras en las que malinterpretamos el rol de la educación formal, y concluiré con una propuesta educacional propia: un curso obligatorio a nivel secundaria enfocado en habilidades para la vida.

Por supuesto que la educación es importante, al menos en términos políticos. En la mayoría de los países con sistemas de educación pública, éstos ocupan una parte considerable de su presupuesto. Puede ser usado para crear o inculcar lentamente identidades nacionales, así como para dar forma a mucho del desarrollo y distribución económica. La educación también es indicador fuerte y estadísticamente significativo para todo tipo de resultados, incluidos la esperanza de vida . Es un sujeto agradecido para el discurso político, ya que es un tema de donde se pueden sacar muchas afirmaciones sabias y clichés sin siquiera tener que discutir contenido. Sí, la educación es la clave. Sí, la educación forma parte de muchos problemas. Sí, deberíamos tener mejor educación – pero ¿qué significa esto? En mi experiencia, un pequeño porcentaje de personas tienen una real visión sobre la educación. Una tercera función de la educación en el discurso político es que puede servir como un eufemismo para el clasismo. Cuando las personas identifican que el problema en México es la educación en “el sentido amplio”, nueve de diez veces te encuentras a bordo de una discusión que termina en una acusación hacia el pobre de ser malos padres y moralizando todos los problemas estructurales.

Como comenzamos a ver aquí, las discusiones sobre la educación usualmente no son realmente sobre educación formal. Desarrollaré esto en tres críticas. La primera resuelve sobre nosotros confundiendo la educación por todas las formas de conocimiento. En su trabajo sobre Distinción, el sociólogo Pierre Bourdieu muestra una clara correlación entre clase social y gusto estético; y entre gusto y mérito educativo. Mientras que la simple conclusión sería que la  educación crea gente más refinada, Bourdieu es brillante en señalar que la mayor parte de la educación superior en realidad no enseñó alta cultura (música, artes, etc.). La educación por sí misma no es la variable clave, sino un indicador para lo que en realidad importaba: el entorno socio-cultural. El punto de mi desviación en la sociología francesa es el sugerir que solemos atribuir varios tipos de conocimiento y actitudes a la educación que en realidad no son parte de la educación.

Esto es más claro en el caso de la ciudadanía o política, que no son parte de, por ejemplo, una carrera en química o contabilidad. Tampoco hay casos de ingenieros que sepan mucho sobre economía política porque ellos comprenden matemáticas, aunque muchos de nosotros conocemos al menos a uno a quien es difícil convencer de lo contrario. En el ensayo anterior hablé sobre la popularidad de la idea de que los ciudadanos “educados” y “bien preparados” deberían de alguna manera tener más poder político. Cada mes, sigo conociendo gente educada que es profundamente ignorante tanto sobre política como realidades fácticas de la vida del ciudadano promedio en su país. No obstante seguimos esperando que éstos sean ciudadanos modelo. Por otro lado, nosotros  – muchas veces sin ninguna manera de verificar esto – esperamos que trabajadores de construcciones o personal de limpieza no posea entendimiento alguno de su propia realidad política porque no estudiaron… ¿diseño gráfico? Podemos, entonces, concluir en que la ciudadanía es un proceso continuo para todas las personas que debería ser cultivado tanto fuera como dentro del currículo de la educación formal.

Segundo, casualmente malinterpretamos el rol de la educación formal en la movilidad social. Para comenzar, la educación puede ayudar a influenciar los resultados de la clase social, pero la interacción es mutua: la clase social también influye los resultados educativos. Aunque contraintuitivo para algunos, es un hecho sociológico casi universal que la educación reproduce la desigualdad. Los grupos pobres y vulnerables no solo tienen menos acceso a una educación de calidad (o una educación en absoluto), pero se movilizan con aún menos recursos para asistirlos durante el camino, tienen menos tiempo y “paz” para estudiar (regularmente por tener que trabajar desde edades tempranas), etc. Estas desventajas iniciales se acumulan, dado que reciben menos atención por parte de los maestros y no califican para becas por promedios más adelante. Lo último, por cierto, se relaciona con la totalmente injusta y contraproducente política de esperar que los estudiantes becados tengan las más altas calificaciones, además de esperar que trabajen para la niversidad. El punto es que la clase social influye masivamente en los resultados sociales[1] y sin corrección la misma no lleva hacia la igualdad.

Aún si alguien ignora mi último punto, es un error creer que la solución a la pobreza es que todos consigan un mejor trabajo. En resumen: la educación influye en las direcciones que las personas toman al entrar al mercado laboral, pero es la estructura del mercado laboral que dicta la distribución. No todos pueden estar en la cima, porque nuestra economía está estructurada como una pirámide. Claro, una población más educada puede llevar a incrementos en la productividad, que es solo una razón por la cual ello debería representar una objetivo clave para cualquier candidato serio. Pero si la manera en la que nuestra sociedad está formada no permite que haya más empleos con salarios de altos ingresos (o los robots lo reorganizan), las personas con grados académicos simplemente son empujadas por la escalera. Adicionalmente, la pobreza es principalmente creada por salarios bajos, el hecho de que un individuo tenga un trabajo con un salario bajo es de importancia secundaria. La sugerencia de que las personas “deberían hacerlo mejor por sí mismas” (o “el pobre es pobre porque quiere”) ignora que el trabajo duro en cualquier trabajo socialmente relevante debería ser recompensado con una vida digna. ¿Por qué no puede alguien “ser bueno” como mecánico o guardia de seguridad en México? Esto es evidente cuando se compara el ingreso del mismo trabajo entre países, a nuestro mecánico (o pintor, u obrero) le iría bien en Bélgica pero sería pobre en México.

Tercero, tengo la impresión tanto como padre como profesor, de que los norteamericanos acomodados o ambiciosos sobre fetichizan los logros educativos desde temprana edad. Esto se muestra de varias maneras. Primero está lo que llamaría el síndrome de Ivy League: la idea de que los padres deberían posicionar a sus hijos en las mejores instituciones educativas desde el jardín de niños (o aún mejor: pre-jardín de niños) si quieren que tengan alguna oportunidad en la vida. La obsesión con la preparación y la competencia desde niños puede llevar a una sociedad poco saludable, y un camino rápido hacia el problema de profundidad de estudio, marca registrada de este continente. También viene con un buen número de estafas a sus consumidores, como todavía tengo que entender las economías detrás de algunas personas pagando más en matrículas para su hijo en escuela primaria que lo que yo mismo gano como profesor universitario. Mientras que en cuanto a la educación superior hay una estafa menos evidente, las  – verdaderas – diferencias entre la calidad de las opciones públicas y privadas difícilmente justifican diferencias extravagantes en matriculado. Volviendo al primer punto, nuevamente no es la educación misma, sino realmente la red social por la que pagas.

También se traduce en la obsesión por calificaciones e indicadores formales. La salud mental de una creciente cantidad de estudiantes depende de obtener altas calificaciones en todas sus materias. Para acomodar esta absurda “demanda”, el sistema mexicano “suple” esta ilusión mediante la inflación sistemática de calificaciones (!) y la reducción de la educación a series de tareas predecibles y guiadas. En mi experiencia, especialmente en universidad privada, demasiados estudiantes están despreocupados con el contenido y simplemente se enfocan en el requisito formal de incrementar su calificación. La educación, entonces, se vuelve en torno al asunto burocrático de pasar números casi infinitos de requisitos, en lugar de la transferencia de conocimiento, ideas y habilidades.

Bien entonces, profesor-que-dice-que-la-educación-está-sobrevalorada, ¿qué propone? En general, no tengo mucho que añadir a la dirección actual de otorgar más atención a la educación primaria y secundaria. Mantener más personas en la escuela debería ser el enfoque principal en una nación tan desigual como la nuestra; podemos debatir sobre el financiamiento de las estancias en el extranjero para estudiantes postgraduados cuando los indicadores de pobreza se encuentren debajo del treinta por ciento. Pero sí tengo una propuesta muy específica: la introducción de un curso obligatorio llamado “vida independiente” (o vida adulta). El curriculum incluiría cosas como administración de dinero, contabilidad básica (para los impuestos), cómo aplicar a servicios e instituciones claves (sindicatos, servicios sociales, etc.), pero también sobre cómo realizar el aseo y cocinar al menos tres platillos, aprender primeros auxilios, etc. En nuestra sociedad especializada y enfocada en la productividad de alguna manera pasamos por alto el enseñar a una persona las herramientas básicas que necesitan aprender como ciudadanos y consumidores.

Tener este curso supondría múltiples beneficios. Uno es el cese de la opinión conservadora que insiste que todos los problemas provienen de las malas costumbres y la educación doméstica. Los malos hábitos de consumo son propagados a lo largo de toda la escala social (y me atrevo a estimar que son más en la cima), y sólo al enseñar herramientas de vida a todos los niños puede esto ser dirigido de manera no-estigmatizante. ¿O acaso nunca te preocupaste realmente de que tus mimados hijos sean inútiles, mi amigo conservador, siempre que pudieras usar el argumento como un clásico golpe clasista? La segunda ventaja es que ambos sexos aprendiendo todas las herramientas básicas de un adulto podría hacer maravillas en nombre de la equidad de sexos.  ¿Qué pasaría si los hombres aprendieran cómo hacer la limpieza de la casa? Aún mejor: ¿Y si los hombres de clase social alta supieran cómo cocinar? Como mínimo, podría ayudar a reconocer las habilidades de los otros. Ciertamente, muchas de estas habilidades (cocinar, contabilizar, nutrición, etc) permanecerán como básicas y requieren estudios técnicos para poder dominarlas. Pero reduciría la alienación, y la ansiedad de las personas jóvenes, y haría a la sociedad sólo un poco menos indefensa en una trampa basada en economía y outsourcing. ¿Qué herramienta básica añadirías?

Traducido por Carolina Ocampo


[1] Esto es por lo que (como explicaba en un ensayo anterior) deberíamos aplaudir los programas federales que otorgan apoyos económicos a los estudiantes. Como la abrumadora evidencia de programas similares en otros países muestra, ésta es exactamente cómo luce la política inteligente.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *